Experiencia del huésped Rosa

En cuanto has entregado llaves dos veces, no debería haber una tercera

En cuanto has entregado llaves dos veces, no debería haber una tercera

¿Te acuerdas de cómo resolviste lo del wifi?

Te llamaban para preguntar la clave. Un día imprimiste un QR, lo pegaste en la pared y se acabó. Diez minutos.

Un problema se arregla así, pero el asunto empieza cuando llevas quince.

Las normas de la piscina. El día que pasa la basura. Cómo va el jacuzzi sin romperlo. Dónde están los cubiertos. A qué hora se sirve el desayuno. Cada uno con su papel, su imán o su plastificado. Y ya no los lee nadie.

Y eso es solo la información. Porque además quieres venderle el parking antes de que llegue, y la salida tardía cuando se va. Y encima quieres que te deje una valoración de la limpieza. Eso ya no cabe en un plastificado.

Y luego están las llaves.

Las llaves son otra cosa

Si todavía las entregas en mano, ya sabes lo que es: la tarde no la decides tú, la decide un vuelo. Si se retrasa, esperas. Si el huésped se pierde por el camino, esperas más. Y el día que entran dos en dos pisos distintos, ya no es cuestión de organizarse mejor.

Y si ya tienes cerraduras con teclado, tampoco te has librado. Abres la app del fabricante. Creas unas credenciales para ese huésped, con sus fechas. Se las mandas. Cambia las fechas y las rehaces, y se las vuelves a mandar. Por cada huésped y por cada reserva.

Eso ya no es bajar con un llavero, pero te ocupa la misma cabeza.

Y en cuanto has entregado llaves en mano dos veces, no debería haber una tercera.

Qué es esto

Esto es un panel del huésped:

Panel del huésped en un móvil: saludo por su nombre, la tarjeta de la reserva con el alojamiento y las fechas, un mapa y la previsión del tiempo

Una página web, no una app. No se descarga nada, no hay que registrarse y no hay contraseña que inventar. Existe uno por cada reserva, y el huésped entra con un enlace que le llega por WhatsApp o por correo.

Al abrirlo ve su reserva: el alojamiento, las fechas, cuántas noches, un mapa para llegar y el tiempo que va a hacer. Debajo, un recuadro desplegable por cada cosa que pueda necesitar. Y todo en su idioma: el panel está en siete, gallego incluido, y se cambia desde las banderas que hay en el pie de página.

Lo primero que ve no son las llaves

El panel tiene las llaves. Pero no se las da todavía.

Lo primero que le pide el panel es esto:

Tarjeta de acción requerida: Registro de viajeros, con el texto "Las autoridades nos obligan a identificar a todos nuestros huéspedes" y un botón de firmar checkin

El registro de viajeros. Sus datos y los de todos sus acompañantes, porque las autoridades obligan a identificarlos. Un botón para firmarlo. Y debajo, por si no ha quedado claro: no se mostrarán las indicaciones para el acceso al alojamiento mientras el checkin no esté confirmado.

Firma. Y entonces le aparece lo siguiente:

Tarjeta de pagos del huésped: el alojamiento pendiente de pago (112,21 €), con el aviso de que el acceso estará bloqueado mientras no se realice el pago y un botón de pagar online

Ciento doce euros del alojamiento, todavía sin pagar. La pista de pádel que reservó y los créditos de la lavadora ya los tenía abonados. Y otra vez lo mismo escrito al lado: el acceso al alojamiento estará bloqueado mientras no se realice el pago.

Mientras tanto, donde deberían estar los botones de apertura de puertas hay un candado y una frase: completa los pasos que faltan y aparecerán aquí las instrucciones y códigos para poder entrar al alojamiento.

Paga. Y ahora sí:

Tarjeta de apertura de puertas con dos botones: abrir el piso y abrir el portal

Un botón abre el portal y el otro la puerta del piso. Los toca y se abren, sin llave y sin haber pasado a recoger nada por ningún sitio.

Nadie ha abierto la app de ningún fabricante. Nadie ha creado unas credenciales ni se las ha mandado.

Y si lo intenta tres veces seguidas y la puerta no abre, le aparece un PIN de respaldo para que entre igual. Que es lo único que importa cuando son las once de la noche y el portal no es el tuyo.

Lo de dentro lo escribes tú

Una vez está dentro, el panel deja de abrir puertas y se dedica a explicar la casa. Y eso no lo escribe OKmystay.

Los cubiertos, por ejemplo:

Tarjeta con la localización de los cubiertos y una foto del cajón de la cocina con dos flechas amarillas señalando cómo se abre

“Los cubiertos están en un cajón cuya apertura puede resultar no muy intuitiva.” Y una foto del cajón, hecha con el móvil, con dos flechas amarillas pintadas encima. Eso lo puso quien conoce el cajón y sabe por dónde hay que tirar.

El garaje, igual. Y aquí el panel no hace ninguna magia, porque el mando sigue estando en un armario:

Tarjeta con las instrucciones del garaje: fotos del mando y la llave del ascensor sobre una mesa, de la mano abriendo el ascensor, y del número de plaza pintado en el suelo

Está en el armario de la televisión, junto a la llave del ascensor. La foto del mando en el plato. La de la mano metiendo la llave. La plaza es la 123, y también está fotografiada, con el número pintado en el suelo. Y al final, lo único que de verdad importa: por favor, déjelas de nuevo ahí cuando haga el checkout.

Tarjeta del wifi con el nombre de la red, la contraseña y un código QR para conectarse sin teclear

Y el wifi que resolviste con el QR de la pared también acabó aquí.

El panel no sabe nada de esa casa. Solo es donde lo pones.

Una que teníamos mal

Hay clientes que llevan el desayuno hasta los pisos. En esos, el huésped lo pide desde el panel: elige la hora, la bebida y si tiene alguna intolerancia, y con eso se genera la hoja que va a la cocina, que se imprime en papel porque allí no quieren andar con el móvil.

Lo que el panel no hacía era enseñarle después lo que había pedido. Le decía a qué hora se lo llevaban y poco más. Si se equivocaba al elegir, no tenía manera de enterarse hasta que le llegaba el desayuno delante.

Nos lo hizo ver quien los reparte. Los alojamientos están desperdigados, hay que coger el coche para llegar, y al llegar resulta que ese no era el desayuno que esperaban.

Al tercero ya estaba claro. Un huésped se puede equivocar; tres huéspedes equivocándose igual es un error nuestro de origen.

El fallo estaba en el panel. Así que ahora, además de la hora, le enseña lo que ha pedido, para que pueda mirarlo antes.

Con eso se acabó el problema.