En cuanto te llaman dos veces, ya es que no va a haber una tercera
Óscar vende tornillos para una multinacional alemana. Los apartamentos son lo otro, lo que lleva además. Y aun así gestiona más de ochenta, él solo, entre Coruña, la costa, Lugo y Sarria.
Hace unos años llevaba seis u ocho. Y perdiendo dinero.
Por el medio no consiguió mejores pisos. Lo que hizo fue dejar de coger el teléfono para lo de siempre: dónde se aparca, cuál es la clave del wifi, a qué hora puedo salir, dónde están los cubiertos.
Porque en cuanto te llaman dos veces, ya es que no va a haber una tercera.

Un enlace, y ya está
El huésped recibe un enlace, lo abre, y ahí está su reserva con su nombre. No se descarga nada, no se registra, no se inventa una contraseña que va a olvidar en diez minutos.
Y lo ve en su idioma. Están los siete. El gallego entró el último, por cierto, porque lo pidió el cliente de las Cabañas del Bosque.
Las llaves ya no se entregan
Aquí Óscar se quitó la peor parte del día, que era cuadrar horarios para darle las llaves en mano a alguien que aterriza cuando aterriza.
En el panel están los códigos, explicados uno a uno: este es el del portal, este el de la puerta. Y donde la cerradura lo permite, hay un botón y ya está.

El garaje es el caso que mejor lo resume. Óscar tiene cuatro tipos de plaza y cada una era una conversación distinta. El parking público, donde hay que decirle no sé qué al de la taquilla. El que se abre marcando un pin en el ascensor. El que tiene el mando en el cajón de la entrada, con su nota de “por favor, devuelve el mando al mismo sitio”. Y el del timbre, donde hay que decir quién eres para que te abran.
Los cuatro están ahora en el panel, con su foto y sus instrucciones, y la gente entra sin preguntar. Y en el quinto, donde el mando está integrado, pasa esto: el hombre toca en el panel, se abre la puerta del garaje, y entra.
El papeleo, hecho antes de llegar
El parte de viajeros hay que comunicarlo igual, eso no lo quita nadie. Pero lo rellena el huésped desde su móvil antes de llegar, cada acompañante el suyo, y se comunica solo.
Nadie fotocopia un DNI en el rellano.

Que pague, sin perseguirle
La salida tardía es el ejemplo bonito. Antes te llamaban, decías “bueno, sí, vale”, y salían gratis. Ahora aparece sola en el panel cuando faltan treinta y seis horas, el huésped la ve, la paga, y se avisa solo a las limpiadoras. Se han visto reservas de cuatro o seis personas donde la salida tardía acaba siendo ochenta o noventa euros.

Y mientras quede algo pendiente de pagar o de firmar, las llaves no aparecen.
Lo que preguntaría, ya respondido
¿Dónde están los cubiertos? La gente siempre. Pues los cubiertos están ahí, con su foto.
Hay un edificio de esos donde se entra por un lado pero al parking se entra por el otro. Con una imagen el tema quedó resuelto. Qué fácil, qué fácil.
Y el jacuzzi, que la gente lo estropea, está en rojo. En rojo, en rojo, en rojo. Ese texto se cambió varias veces, hasta que se vio que la gente ya más o menos lo entendía.
El wifi va con un QR, que nadie teclea bien una clave de veinte caracteres.

Lo de las recomendaciones tiene su historia. Óscar decía que él recomendaba el restaurante Roma, que era el mejor, y que si no quedaban satisfechos pagaba él la cuenta.
Y luego se demostró que no era tan cierto.
Así que las recomendaciones se pusieron en el panel, cada una con su ficha, su teléfono y su mapa. Y dejaron de depender de que a Óscar le pillaras de buenas.
Y de paso, el dinerito extra
En Sarria se vende el transporte de mochilas de los peregrinos, y no se vende el parking. En Coruña se vende el parking, y no se venden las mochilas. Cada sitio es cada sitio.

En Beltane, que es un edificio de tres apartamentos, se preguntaron qué hacer con la planta de abajo. Pues unas taquillas. ¿Y por qué no también una lavadora y una secadora? Veinticuatro taquillas con su número y su nombre, que se reservan por horas y se abren desde el panel. Y la lavadora, donde el hombre compra veinte minutos y si luego quiere diez más pues le suma diez.
Cómo sabe Óscar que va todo bien
Si no tienes un email ni tienes un SMS, es que está todo en orden.
No hay que entrar a mirar nada. Todo va pasando por detrás, y él se entera solo si algo se sale del carril. O si ha entrado dinerito extra.