Operativa OKmystay

Contra qué se compara OKmystay

Contra qué se compara OKmystay

Cuando un gestor nos pregunta por la competencia, espera nombres de otros PMS. Un PMS (Property Management System) es el programa donde viven el calendario y las reservas: el sistema central de un negocio de alojamiento. Y la forma clásica de elegir uno es la tabla comparativa: columnas de marcas y filas de funcionalidades, con sus aspas en verde.

Esa tabla sirve cuando el día a día cabe en un solo programa. En el alquiler turístico español no suele caber.

Cinco herramientas y un grupo de WhatsApp

Un gestor con diez o quince alojamientos en España trabaja, en la práctica, con algo así:

  • El PMS, para el calendario y las reservas.
  • Una herramienta de check-in, que registra a los viajeros y envía el parte al SES Hospedajes (el registro de viajeros del Ministerio del Interior, obligatorio desde el RD 933/2021).
  • El WhatsApp de los huéspedes: tu propio número o, si el volumen aprieta, una herramienta de mensajería especializada.
  • La app del fabricante de las cerraduras, para crear las credenciales de cada huésped.
  • Un programa de facturación adaptado a Verifactu, la normativa que regula cómo deben emitirse y conservarse las facturas.
  • Y el grupo de WhatsApp del equipo de limpieza.

Ese montaje no está mal hecho. Al contrario: cada pieza se eligió por algo. La herramienta de check-in la elegiste porque el SES no perdona errores, y el programa de facturas porque tu asesoría trabaja con él. Son decisiones razonables, tomadas una a una durante años, cada vez que apareció una obligación nueva o un dolor nuevo. Así se monta siempre: nadie lo diseña, se va acumulando. Y cada pieza, por separado, cumple.

Lo que no viene en ningún recibo

Las seis piezas comparten un requisito que no figura en ningún contrato: entre una y otra tiene que haber una persona.

Síguele la pista a una reserva cualquiera. Entra en el PMS. Para que el huésped haga el check-in, alguien lo da de alta en la herramienta de check-in con sus fechas y su alojamiento, o le reenvía el enlace. Para que pueda entrar, alguien abre la app de la cerradura, crea una credencial con esas mismas fechas y se la manda. Si el huésped mueve la reserva de días, alguien rehace la credencial y se la vuelve a mandar. La tasa turística se cobra aparte y se apunta en algún sitio para no perderla. El día de la salida, alguien avisa por el grupo de qué pisos se limpian hoy; si una salida se movió anoche, ese aviso también hay que darlo. La factura la haces en el programa de facturación, copiando los importes del PMS. Y cuando el propietario pregunta cómo va su piso, el informe eres tú, con el teléfono en la mano.

Ninguno de esos saltos es difícil. Son dos minutos cada uno. Pero fíjate en qué consisten: en teclear la misma información (el huésped, las fechas, el alojamiento, el importe) otra vez en otro sitio. El montaje funciona porque tú lo haces funcionar.

Y los fallos, cuando llegan, los conoces: el parte que no salió, el código de la cerradura con las fechas viejas, la factura con un importe que ya había cambiado, el piso sin limpiar porque el cambio de reserva no llegó al grupo. Y en ninguno de esos casos se ha caído un programa: ha fallado el salto.

La misma reserva, dentro de OKmystay

En OKmystay esa reserva existe una sola vez, y los módulos la leen. Margarita, el bot de WhatsApp, escribe al huésped con el enlace a su panel y le persigue lo que quede pendiente, como el check-in o el pago. El huésped rellena el check-in desde el sofá, cada acompañante el suyo, y el parte sale al SES Hospedajes sin que nadie teclee un DNI. La reserva y la tasa turística se cobran en tu TPV. A la cerradura le llega un código creado para esa reserva: se activa el día de entrada, caduca el de salida y solo abre si no queda nada pendiente. Cada salida genera una limpieza pendiente, y queda registrado quién la hizo y cuánto tardó, con su checklist y sus fotos. La factura simplificada del huésped sale sola; si deja sus datos fiscales, nominativa. El propietario ve sus reservas y sus ingresos en su propio panel, sin llamarte.

El ejemplo que mejor lo cuenta es el de la encuesta. Si un huésped valora mal la limpieza, esa valoración te lleva al informe de esa limpieza concreta. En el montaje de piezas sueltas ese dato no puede existir, por bueno que sea cada programa: la opinión vive en una herramienta y la limpieza en un grupo de WhatsApp, y no hay nada que las una.

Si lo tuyo hoy funciona

Aun con todo, entendemos quedarse como se está. El montaje que tienes te costó años de elegir piezas y de acostumbrar al equipo a cada una, y lo que rueda no se toca a la ligera: cambiar de sistema impone, y quien te diga lo contrario no ha migrado nunca nada. No hay prisa con eso. Lo que sí te pedimos es la vara de medir: el día que toque comparar, pon a OKmystay al lado del montaje completo, con sus cuotas y sus saltos, y no solo al lado del PMS.

La cuenta, ya que estamos

El precio no es el argumento de este artículo, pero la suma se hace rápido. Con precios públicos de julio de 2026: un PMS de entrada ronda los 150 euros al mes; el check-in legal, desde unos 4 euros por alojamiento; la mensajería con IA por WhatsApp, más de 300 euros al mes; las cerraduras, unos 6 euros por cerradura al mes; la facturación, desde 6,60 euros al mes. Para cinco alojamientos, unos 530 euros al mes repartidos en cinco recibos y cinco soportes distintos. Con un detalle que pesa más cuanto más pequeño eres: varias de esas piezas llevan mínimo mensual, y los mínimos se apilan.

La misma cuenta, hecha en vivo con tus números y con lo nuestro al lado, está en la página de precios.

Y hay otra comparación que puedes hacer hoy sin calculadora: coge tu última reserva y cuenta cuántas veces sus datos pasaron por tus manos de una herramienta a otra.